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El Silencio | La Reacción del Creyente

Dios habla en el silencio. En estas grandes manifestaciones de la naturaleza, Dios no se manifiesta, no habla, no se revela. Por cierto, el profeta no reacciona frente al viento huracanado, ni reacciona frente al terremoto, ni frente al fuego calcinador. Sin embargo, tras el fuego, hay un murmullo apacible y delicado. No en el estruendo del huracán, del terremoto, del fuego crepitante. Cuando se hace completo silencio, cuando se restablece la paz, se percibe un silbo suave. Entonces el profeta, que es espiritual, que no reaccionó frente a los otros fenómenos, lo hace positivamente.

 

Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le dijo: -¿Qué haces aquí Elías? Vers. 13.

 

La voz del Señor en el silencio. A través de un siseo delicado y apacible en una cueva de la montaña. Dios no habla en el estruendo, sino en el silencio. Algunas personas piensan que en medio de grandes manifestaciones el Señor hablará. No es verdad. En reposo y descanso te pastorearé. El Señor se manifiesta, si, a través de fenómenos naturales, porque su presencia es incontenible. Hasta los seres inanimados reaccionan a ella. Sopla el viento y la tierra tiembla, viene un fuego que quema la arboleda porque Dios está allí. Pero la voz de Dios solo puede oírse cuando todo está en calma y en silencio. El silbo apacible y delicado nos enseña una lección espiritual. Dios no habla en el estruendo sino en el silencio.

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro Las Llaves del Poder, páginas 228-229)

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