En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, SEÑOR! ¡Enséñame tus decretos! Con mis labios he proclamado todos los juicios que has emitido.
El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.
¿Alguna vez has deseado un ascenso en tu vida? ¿Has querido subir ese escalón en tu trabajo, tu familia, tu vida sentimental, espiritual y no lo has logrado? A propósito… ¿le has orado a Dios por eso?
¿Sabías que todos los días de nuestra vida damos un discurso? ¿Qué impresión das a los demás con lo que dices y haces? ¿Tu discurso es coherente con lo que dice Dios en su Palabra? Es momento de pensar en...
¿Cuál es el viaje que más recuerdas? ¿Qué fue lo que más te gustó? ¿Tuviste algún momento difícil?... A propósito, ¿Te has puesto a pensar cómo ha sido el viaje de tu vida con Jesús?