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Octubre 24 | Dios quiere asombrarte

Octubre 24 | Dios quiere asombrarte

La tierra tiembla ante tu nombre Jesús y mi ser tiembla ante tus milagros, no dejo de asombrarme ante tu poder.

»Supongamos que un hombre se divorcia de su mujer, y que ella lo deja para casarse con otro. ¿Volvería el primero a casarse con ella? ¡Claro que no! Semejante acción contaminaría por completo la tierra. Pues bien, tú te has prostituido con muchos amantes, y ya no podrás volver a mí —afirma el Señor—.

»Fíjate bien en esas lomas estériles:
    ¡Dónde no se han acostado contigo!
Como un beduino en el desierto,
    te sentabas junto al camino,
    a la espera de tus amantes.
Has contaminado la tierra
    con tus infames prostituciones.
Por eso se demoraron las lluvias,
    y no llegaron los aguaceros de primavera.
Tienes el descaro de una prostituta;
    ¡no conoces la vergüenza!
No hace mucho me llamabas:
    “Padre mío, amigo de mi juventud,
¿vas a estar siempre enojado?
    ¿Guardarás rencor eternamente?”
Y mientras hablabas,
    hacías todo el mal posible».

 

La infidelidad de Israel

 

Durante el reinado del rey Josías el Señor me dijo: «¿Has visto lo que ha hecho Israel, la infiel? Se fue a todo monte alto, y allí, bajo todo árbol frondoso, se prostituyó. Yo pensaba que después de hacer todo esto ella volvería a mí. Pero no lo hizo. Esto lo vio su hermana, la infiel Judá, y vio también que yo había repudiado a la apóstata Israel, y que le había dado carta de divorcio por todos los adulterios que había cometido. No obstante, su hermana, la infiel Judá, no tuvo ningún temor, sino que también ella se prostituyó.

»Como Israel no tuvo ningún reparo en prostituirse, contaminó la tierra y cometió adulterio al adorar ídolos de piedra y de madera. 10 A pesar de todo esto, su hermana, la infiel Judá, no se volvió a mí de todo corazón, sino que solo fingió volverse», afirma el Señor.

11 El Señor me dijo: «La apóstata Israel ha resultado ser más justa que la infiel Judá. 12 Ve al norte y proclama este mensaje:

»“¡Vuelve, apóstata Israel!
    No te miraré con ira
            —afirma el Señor—.
No te guardaré rencor para siempre,
    porque soy misericordioso
            —afirma el Señor—.
13 Tan solo reconoce tu culpa,
    y que te rebelaste contra el Señor tu Dios.
Bajo todo árbol frondoso
    has brindado a dioses extraños tus favores,
    y no has querido obedecerme”
            —afirma el Señor—.

14 »¡Vuélvanse a mí, apóstatas —afirma el Señor—, porque yo soy su esposo! De ustedes tomaré uno de cada ciudad y dos de cada familia, y los traeré a Sión. 15 Les daré pastores que cumplan mi voluntad, para que los guíen con sabiduría y entendimiento.

16 »En aquellos días, cuando ustedes se hayan multiplicado y sean numerosos en el país, ya no se dirá más: “Arca del pacto del Señor”. Nadie pensará más en ella ni la recordará; nadie la echará de menos ni volverá a fabricarla —afirma el Señor—.

17 »En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: “Trono del Señor”. Todas las naciones se reunirán en Jerusalén para honrar el nombre del Señor, y ya no volverán a obedecer ciegamente a su malvado corazón.

18 »En aquellos días la tribu de Judá se unirá al pueblo de Israel, y juntos vendrán del país del norte, a la tierra que di como herencia a sus antepasados.

19 »Yo mismo dije:

»“¡Cómo quisiera tratarte como a un hijo,
    y darte una tierra codiciable,
    la heredad más hermosa de las naciones!”
Yo creía que me llamarías “Padre mío”,
    y que nunca dejarías de seguirme.
20 Pero tú, pueblo de Israel,
    me has sido infiel
    como una mujer infiel a su esposo»,
            afirma el Señor.

21 Se escucha un grito en las lomas estériles,
    la súplica angustiosa del pueblo de Israel,
porque han pervertido su conducta,
    se han olvidado del Señor su Dios.

22 «¡Vuélvanse, apóstatas,
    y los curaré de su infidelidad!»

«Aquí estamos, a ti venimos,
    porque tú eres el Señor nuestro Dios.
23 Ciertamente son un engaño las colinas,
    y una mentira el estruendo sobre las montañas.
Ciertamente en el Señor nuestro Dios
    está la salvación de Israel.
24 Desde nuestra juventud, la vergonzosa idolatría
    se ha engullido el esfuerzo de nuestros antepasados:
sus rebaños y su ganado,
    sus hijos y sus hijas.
25 ¡Acostémonos en nuestra vergüenza,
    y que nos cubra nuestra desgracia!
¡Nosotros y nuestros antepasados
    hemos pecado contra el Señor nuestro Dios!
Desde nuestra juventud y hasta el día de hoy,
    no hemos obedecido al Señor nuestro Dios».

«Israel, si piensas volver,
    vuélvete a mí
            —afirma el Señor—.
Si quitas de mi vista tus ídolos abominables
    y no te alejas de mí,
si con fidelidad, justicia y rectitud
    juras: “Por la vida del Señor”,
entonces “en él serán benditas las naciones,
    y en él se gloriarán”».

Así dice el Señor
    a los habitantes de Judá y de Jerusalén:
«Abran surcos en terrenos no labrados,
    y no siembren entre espinos.
Habitantes de Judá y de Jerusalén,
    marquen su corazón con la señal del pacto:
    circuncídense para honrar al Señor,
no sea que por la maldad de sus obras
    mi furor se encienda como el fuego
    y arda sin que nadie pueda apagarlo.

 

La amenaza del norte

 

»¡Anúncienlo en Judá,
    proclámenlo en Jerusalén!
    ¡Toquen la trompeta por todo el país!
Griten a voz en cuello:
    “¡Reúnanse y entremos
    en las ciudades fortificadas!”
Señalen a Sión con la bandera;
    ¡busquen refugio, no se detengan!
Porque yo traigo del norte
    calamidad y gran destrucción.
Un león ha salido del matorral,
    un destructor de naciones se ha puesto en marcha;
ha salido de su lugar de origen
    para desolar tu tierra;
tus ciudades quedarán en ruinas
    y totalmente despobladas.
Por esto, vístanse de luto,
    laméntense y giman,
porque la ardiente ira del Señor
    no se ha apartado de nosotros.

»En aquel día desfallecerá
    el corazón del rey y de los jefes;
los sacerdotes se llenarán de pánico
    y los profetas quedarán atónitos»,
            afirma el Señor.

10 Yo dije: «¡Ah, Señor mi Dios,
    cómo has engañado a este pueblo y a Jerusalén!
Dijiste: “Tendrán paz”,
    pero tienen la espada en el cuello».

11 En aquel tiempo se les dirá
    a este pueblo y a Jerusalén:
«Desde las estériles lomas del desierto
    sopla un viento abrasador
    en dirección a la capital de mi pueblo.
No es el viento que sirve para aventar
    ni para limpiar el trigo;
12 el viento que haré venir
    es demasiado fuerte para eso,
porque yo mismo
    dictaré sentencia contra ellos».

13 ¡Mírenlo avanzar como las nubes!
    ¡Sus carros de guerra parecen un huracán!
¡Sus caballos son más veloces que las águilas!
    ¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!
14 Jerusalén, limpia de maldad tu corazón
    para que seas salvada.
¿Hasta cuándo hallarán lugar en ti
    los pensamientos perversos?
15 Una voz anuncia desgracia
    desde Dan y desde las colinas de Efraín.
16 «Adviertan a las naciones,
    proclámenlo contra Jerusalén:
“De lejanas tierras vienen sitiadores
    lanzando gritos de guerra
    contra las ciudades de Judá”.
17 La rodean como quien cuida un campo,
    porque ella se rebeló contra mí
            —afirma el Señor—.
18 Tu conducta y tus acciones
    te han causado todo esto.
Esta es tu desgracia. ¡Qué amarga es!
    ¡Cómo te ha calado en el propio corazón!»

19 ¡Qué angustia, qué angustia!
    ¡Me retuerzo de dolor!
Mi corazón se agita. ¡Ay, corazón mío!
    ¡No puedo callarme!
Puedo escuchar el toque de trompeta
    y el grito de guerra.
20 Un desastre llama a otro desastre;
    todo el país está devastado.
De repente fueron destruidos
    los pabellones y las carpas donde habito.
21 ¿Hasta cuándo tendré que ver la bandera
    y escuchar el toque de la trompeta?

22 «Mi pueblo es necio,
    no me conoce;
son hijos insensatos
    que no tienen entendimiento.
Son hábiles para hacer el mal;
    no saben hacer el bien».

23 Miré a la tierra, y era un caos total;
    miré a los cielos, y todo era tinieblas.
24 Miré a las montañas, y estaban temblando;
    ¡se sacudían todas las colinas!
25 Miré, y no quedaba nadie;
    habían huido todas las aves del cielo.
26 Miré, y la tierra fértil era un desierto;
    yacían en ruinas todas las ciudades,
por la acción del Señor,
    por causa de su ardiente ira.

27 Así dice el Señor:

«Todo el país quedará desolado,
    pero no lo destruiré por completo.
28 Por eso el país estará de luto,
    y los altos cielos se oscurecerán,
pues ya lo dije, y no me retractaré;
    lo he decidido, y no me volveré atrás».

29 Ante el ruido de arqueros y jinetes
    huye toda la ciudad.
Algunos se meten en los matorrales,
    otros trepan por los peñascos.
Toda la ciudad queda abandonada;
    ¡no queda un solo habitante!

30 ¿Qué piensas hacer, ciudad devastada?
    ¿Para qué te vistes de púrpura?
¿Para qué te pones joyas de oro?
    ¿Para qué te maquillas los ojos?
En vano te embelleces,
    pues tus amantes te desprecian;
    solo buscan tu muerte.

31 Oigo gritos como de parturienta,
    gemidos como de primeriza.
Son los gemidos de la bella Sión,
    que respira con dificultad;
que extiende los brazos y dice:
    «¡Ay de mí, que desfallezco!
    ¡Estoy en manos de asesinos!»

 

La corrupción de Jerusalén y de Judá

 

«Recorran las calles de Jerusalén,
    observen con cuidado,
    busquen por las plazas.
Si encuentran una sola persona
    que practique la justicia y busque la verdad,
    yo perdonaré a esta ciudad.
Aunque juran: “Por la vida del Señor”,
    de hecho juran en falso».

Señor, ¿acaso no buscan tus ojos la verdad?
    Golpeaste a esa gente, y no les dolió,
    acabaste con ellos, y no quisieron ser corregidos.
Endurecieron su rostro más que una roca,
    y no quisieron arrepentirse.
Entonces pensé: «Así es la plebe;
    siempre actúan como necios,
porque no conocen el camino del Señor
    ni las demandas de su Dios.
Me dirigiré a los líderes
    y les hablaré;
porque ellos sí conocen el camino del Señor
    y las demandas de su Dios».
Pero ellos también quebrantaron el yugo
    y rompieron las ataduras.
Por eso los herirá el león de la selva
    y los despedazará el lobo del desierto;
frente a sus ciudades está el leopardo al acecho,
    y todo el que salga de ellas será despedazado,
pues son muchas sus rebeliones
    y numerosas sus infidelidades.

«¿Por qué habré de perdonarte?
    Tus hijos me han abandonado,
    han jurado por los que no son dioses.
Cuando suplí sus necesidades,
    ellos cometieron adulterio
    y en tropel se volcaron a los prostíbulos.
Son como caballos bien cebados y fogosos;
    todos relinchan por la mujer ajena.
¿Y no los he de castigar por esto?
    —afirma el Señor—.
¿Acaso no he de vengarme de semejante nación?

10 »Suban por los surcos de esta viña
    y arrásenla, pero no acaben con ella.
Arránquenle sus sarmientos,
    porque no son del Señor.
11 Pues las casas de Israel y de Judá
me han sido más que infieles»,
            afirma el Señor.

12 Ellas han negado al Señor,
    y hasta dicen: «¡Dios no existe!
Ningún mal vendrá sobre nosotros,
    no sufriremos guerras ni hambre».
13 Los profetas son como el viento:
    la palabra del Señor no está en ellos.
¡Que así les suceda!

14 Por eso, así dice el Señor,
    el Dios Todopoderoso:
«Por cuanto el pueblo ha hablado así,
    mis palabras serán como fuego en tu boca,
y este pueblo, como un montón de leña.
    Ese fuego los consumirá.

15 »Pueblo de Israel,
    voy a traer contra ustedes una nación lejana,
una nación fuerte y antigua,
    una nación cuyo idioma no conocen,
cuyo lenguaje no entienden
            —afirma el Señor—.
16 Todos ellos son guerreros valientes;
    sus flechas presagian la muerte.
17 Acabarán con tu cosecha y tu alimento,
    devorarán a tus hijos e hijas,
matarán a tus rebaños y ganados,
    y destruirán tus viñas y tus higueras.
Tus ciudades fortificadas,
    en las que pusiste tu confianza,
    serán pasadas a filo de espada.

18 »Sin embargo, aun en aquellos días no los destruiré por completo —afirma el Señor—. 19 Y, cuando te pregunten: “¿Por qué el Señor, nuestro Dios, nos ha hecho todo esto?”, tú les responderás: “Así como ustedes me han abandonado y en su propia tierra han servido a dioses extranjeros, así también en tierra extraña servirán a gente extranjera”.

20 »Anuncien esto entre los descendientes de Jacob
    y proclámenlo en Judá:
21 Escucha esto, pueblo necio e insensato,
    que tiene ojos, pero no ve,
    que tiene oídos, pero no oye.
22 ¿Acaso has dejado de temerme?
    —afirma el Señor—.
¿No debieras temblar ante mí?
Yo puse la arena como límite del mar,
    como frontera perpetua e infranqueable.
Aunque se agiten sus olas,
    no podrán prevalecer;
aunque bramen,
    no franquearán esa frontera.
23 Pero este pueblo tiene un corazón terco y rebelde;
    se ha descarriado, ha sido infiel.
24 No reflexionan ni dicen:
    “Temamos al Señor, nuestro Dios,
quien a su debido tiempo nos da lluvia,
    las lluvias de otoño y primavera,
y nos asegura las semanas señaladas
    para la cosecha”.
25 Las iniquidades de ustedes
    les han quitado estos beneficios;
sus pecados los han privado
    de estas bendiciones.
26 Sin duda en mi pueblo hay malvados,
    que están al acecho como cazadores de aves,
    que ponen trampas para atrapar a la gente.
27 Como jaulas llenas de pájaros,
    llenas de engaño están sus casas;
por eso se han vuelto poderosos y ricos,
28     gordos y pedantes.
Sus obras de maldad no tienen límite:
no le hacen justicia al huérfano,
    para que su causa prospere;
ni defienden tampoco
    el derecho de los menesterosos.
29 ¿Y no los he de castigar por esto?
    ¿No he de vengarme de semejante nación?
            —afirma el Señor—.

30 »Algo espantoso y terrible
    ha ocurrido en este país.
31 Los profetas profieren mentiras,
    los sacerdotes gobiernan a su antojo,
    ¡y mi pueblo tan campante!
Pero ¿qué van a hacer ustedes
    cuando todo haya terminado?

Instrucciones a Timoteo

 

El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida. Prohíben el matrimonio y no permiten comer ciertos alimentos que Dios ha creado para que los creyentes, conocedores de la verdad, los coman con acción de gracias. Todo lo que Dios ha creado es bueno, y nada es despreciable si se recibe con acción de gracias, porque la palabra de Dios y la oración lo santifican.

Si enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las verdades de la fe y de la buena enseñanza que paso a paso has seguido. Rechaza las leyendas profanas y otros mitos semejantes. Más bien, ejercítate en la piedad, pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente, sino también para la venidera. Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos. 10 En efecto, si trabajamos y nos esforzamos es porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos, especialmente de los que creen.

11 Encarga y enseña estas cosas. 12 Que nadie te menosprecie por ser joven. Al contrario, que los creyentes vean en ti un ejemplo a seguir en la manera de hablar, en la conducta, y en amor, fe y pureza. 13 En tanto que llego, dedícate a la lectura pública de las Escrituras, y a enseñar y animar a los hermanos. 14 Ejercita el don que recibiste mediante profecía, cuando los ancianos te impusieron las manos.

15 Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando. 16 Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.

En el Nombre de Jesús | Paz Aguayo

Dios quiere asombrarte cada día, deja que te cautive con su poder. #VisiónEnAcción

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3 Comentarios
Oscar sanchez cañon

Amen amen gracias Dios x el amor y psciencia q tienes con nisotros te amanos

Jairo Alberto

El Amor echa fuera al temor, ¡sorprendeme, Señor, con tu amor y maravillas!

Carlos Iván Molina Roa

El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Amen. Señor que tengamos el suficiente discernimiento para no andar débiles en la fe, y engañados por predicas de hombres y para los hombres; mas no de Jesucristo.

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