8 Cuando el día comenzó a refrescar, el hombre y la mujer oyeron que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles para que Dios no los viera.9 Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ―¿Dónde estás?
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Dios no ha dejado de buscarte
Ps. Carlos Ricardo Bustos



