4 Tú, amada mía, eres bella como Tirsá, hermosa como Jerusalén imponente como ejército con sus banderas.5 Aparta de mí la mirada, que tus ojos me tienen fascinado. Tus cabellos son como los rebaños de cabras que descienden de Galaad.6 Tus dientes son como rebaños de ovejas que ascienden después de haber sido bañadas. Cada una de ellas tiene gemelas, ninguna de ellas está sola.7 Tus mejillas, tras el velo, parecen dos mitades de granadas.8 Pueden ser sesenta las reinas, ochenta las concubinas e innumerables las vírgenes,
Ps. David Espíndola



