1Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; protégeme del temor al enemigo.2 Escóndeme de esa pandilla de malhechores, de esa caterva de malvados.3Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas palabras ponzoñosas.4Emboscados, disparan contra el íntegro; le tiran sin temor y sin aviso.5Unos a otros se animan en sus planes malvados, calculan cómo tender sus trampas; y hasta dicen: «¿Quién las verá?».6Maquinan injusticias y dicen: «¡Hemos tramado un plan perfecto!». ¡Cuán incomprensibles son la mente y el corazón humano!
Del lamento a la alabanza
Diác. Javier González – Alabanza



