Amado Señor, hoy pido que en tu cuerpo no haya división sino que juntos caminemos como uno solo. Somos el cuerpo de Cristo, cada uno de nosotros es miembro de este cuerpo.
Mi Señor, quiero predicar el evangelio no para que se enorgullezca mi corazón sino para gozarme cada día en poder hacerlo. Predicar el evangelio no es para enorgullecernos, estamos en la obligación de hacerlo.
Jesús, gracias por el precio que pagaste por mí, por la libertad que me diste para no ser esclavo de nadie. Jesús pagó un precio por nosotros para que no seamos esclavos de nadie.
Tú eres mi Dios, mi vida está en tus manos por eso en ti confío. Hemos sido lavados, santificados y justificados en el nombre de Jesús y por el Espíritu de Dios.
Gracias Señor por el sacrificio de Jesús que me permite deshacerme de la vieja naturaleza para vivir una vida en esencia espiritual. Deshagámonos de la vieja naturaleza que contamina el ser para vivir una vida en esencia espiritual.