Y Dios los bendijo con estas palabras: «¡Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo,
Mi Dios, gracias por la vida, gracias por tu amor y por cuidar de mí en todo tiempo. El Señor nos hizo con sus manos, nos dio vida, nos favorece con su amor.
Hoy te pido perdón si he levantado ídolos en mi corazón, ayúdame a no desviar mi corazón. Nuestro corazón debe estar atento y no desenfocarse de Jesús.