Dios, Tú me has llamado. La cosecha ya está lista y estoy dispuesto a que me uses para tu obra. Para comenzar a ser usados por Dios solo tenemos que disponer el corazón.
Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.