21Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramosla justicia de Dios.
La integridad bíblica es vivir con un corazón sincero y coherente delante de Dios y de las personas, reflejando en nuestras acciones lo que creemos. Jesús es el modelo perfecto de integridad, pues fue tentado en todo, pero nunca pecó. Desarrollar una verdadera integridad implica crecer en cuatro niveles: relación con Dios a través del nuevo nacimiento, comunión mediante una vida de intimidad y obediencia, adoración como una entrega total del corazón, y amistad con Dios, colaborando con Sus propósitos en la tierra. La integridad se evidencia al caminar en la luz, haciendo lo correcto aun cuando nadie nos ve.
¿Quién soy cuando nadie me ve?
Diác. Héctor Hache
- Relación. 2 Corintios 5:17
- Comunión. Juan 15:4-5
- Adoración. Juan 4:23-24
- Amistad. 1 Corintios 3:9



