1 Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sion.2En los álamos que allí había colgábamos nuestras arpas.3 Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: «¡Cántennos un cántico de Sion!».4 ¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?5 Si me olvido de ti, Jerusalén, ¡que mi mano derecha pierda su destreza!
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Aún en medio del dolor, te alabaré
P. David Espíndola




