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Julio 19 Devocional Diario

ORA

Jesús, gracias por el precio que pagaste por mi, por la libertad que me diste para no ser esclavo de nadie.

LEE

Salmo de David.

 

23 El Señor es mi pastor, nada me falta;
    en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
    me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
    por amor a su nombre.

Aun si voy por valles tenebrosos,
    no temo peligro alguno
    porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.

Dispones ante mí un banquete
    en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
    has llenado mi copa a rebosar.

La bondad y el amor me seguirán
    todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
    habitaré para siempre.

 

Salmo de David.

 

24 Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella,
    el mundo y cuantos lo habitan;
porque él la afirmó sobre los mares,
    la estableció sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
    ¿Quién puede estar en su lugar santo?
Solo el de manos limpias y corazón puro,
    el que no adora ídolos vanos
    ni jura por dioses falsos.

Quien es así recibe bendiciones del Señor;
    Dios su Salvador le hará justicia.
Tal es la generación de los que a ti acuden,
    de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah

Eleven, puertas, sus dinteles;
    levántense, puertas antiguas,
    que va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es este Rey de la gloria?
    El Señor, el fuerte y valiente,
    el Señor, el valiente guerrero.

Eleven, puertas, sus dinteles;
    levántense, puertas antiguas,
    que va a entrar el Rey de la gloria.

10 ¿Quién es este Rey de la gloria?
    Es el Señor Todopoderoso;
    ¡él es el Rey de la gloria! Selah

 

Salmo de David.

 

Álef

 

25 A ti, Señor, elevo mi alma;

 

Bet

 

    mi Dios, en ti confío;
no permitas que sea yo humillado,
    no dejes que mis enemigos se burlen de mí.

 

Guímel

 

Quien en ti pone su esperanza
    jamás será avergonzado;
pero quedarán en vergüenza
    los que traicionan sin razón.

 

Dálet

 

Señor, hazme conocer tus caminos;
    muéstrame tus sendas.

 

He

 

Encamíname en tu verdad, ¡enséñame!
    Tú eres mi Dios y Salvador;

 

Vav

 

    ¡en ti pongo mi esperanza todo el día!

 

Zayin

 

Acuérdate, Señor, de tu ternura y gran amor,
    que siempre me has mostrado;

 

Jet

 

olvida los pecados y transgresiones
    que cometí en mi juventud.
Acuérdate de mí según tu gran amor,
    porque tú, Señor, eres bueno.

 

Tet

 

Bueno y justo es el Señor;
    por eso les muestra a los pecadores el camino.

 

Yod

 

Él dirige en la justicia a los humildes,
    y les enseña su camino.

 

Caf

 

10 Todas las sendas del Señor son amor y verdad
    para quienes cumplen los preceptos de su pacto.

 

Lámed

 

11 Por amor a tu nombre, Señor,
    perdona mi gran iniquidad.

 

Mem

 

12 ¿Quién es el hombre que teme al Señor?
    Será instruido en el mejor de los caminos.

 

Nun

 

13 Tendrá una vida placentera,
    y sus descendientes heredarán la tierra.

 

Sámej

 

14 El Señor brinda su amistad a quienes le honran,
    y les da a conocer su pacto.

 

Ayin

 

15 Mis ojos están puestos siempre en el Señor,
    pues solo él puede sacarme de la trampa.

 

Pe

 

16 Vuelve a mí tu rostro y tenme compasión,
    pues me encuentro solo y afligido.

 

Tsade

 

17 Crecen las angustias de mi corazón;
    líbrame de mis tribulaciones.
18 Fíjate en mi aflicción y en mis penurias,
    y borra todos mis pecados.

 

Resh

 

19 ¡Mira cómo se han multiplicado mis enemigos,
    y cuán violento es el odio que me tienen!

 

Shin

 

20 Protege mi vida, rescátame;
    no permitas que sea avergonzado,
    porque en ti busco refugio.

 

Tav

 

21 Sean mi protección la integridad y la rectitud,
    porque en ti he puesto mi esperanza.

22 ¡Libra, oh Dios, a Israel
    de todas sus angustias!

18 Al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes. 19 Después de saludarlos, Pablo les relató detalladamente lo que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio.

20 Al oírlo, alabaron a Dios. Luego le dijeron a Pablo: «Ya ves, hermano, cuántos miles de judíos han creído, y todos ellos siguen aferrados a la ley. 21 Ahora bien, han oído decir que tú enseñas que se aparten de Moisés todos los judíos que viven entre los gentiles. Les recomiendas que no circunciden a sus hijos ni vivan según nuestras costumbres. 22 ¿Qué vamos a hacer? Sin duda se van a enterar de que has llegado. 23 Por eso, será mejor que sigas nuestro consejo. Hay aquí entre nosotros cuatro hombres que tienen que cumplir un voto. 24 Llévatelos, toma parte en sus ritos de purificación y paga los gastos que corresponden al voto de rasurarse la cabeza. Así todos sabrán que no son ciertos esos informes acerca de ti, sino que tú también vives en obediencia a la ley. 25 En cuanto a los creyentes gentiles, ya les hemos comunicado por escrito nuestra decisión de que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de la carne de animales estrangulados y de la inmoralidad sexual».

26 Al día siguiente Pablo se llevó a los hombres y se purificó con ellos. Luego entró en el templo para dar aviso de la fecha en que vencería el plazo de la purificación y se haría la ofrenda por cada uno de ellos.

 

Arresto de Pablo

 

27 Cuando estaban a punto de cumplirse los siete días, unos judíos de la provincia de Asia vieron a Pablo en el templo. Alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, 28 gritando: «¡Israelitas! ¡Ayúdennos! Este es el individuo que anda por todas partes enseñando a toda la gente contra nuestro pueblo, nuestra ley y este lugar. Además, hasta ha metido a unos griegos en el templo, y ha profanado este lugar santo».

29 Ya antes habían visto en la ciudad a Trófimo el efesio en compañía de Pablo, y suponían que Pablo lo había metido en el templo.

30 Toda la ciudad se alborotó. La gente se precipitó en masa, agarró a Pablo y lo sacó del templo a rastras, e inmediatamente se cerraron las puertas. 31 Estaban por matarlo, cuando se le informó al comandante del batallón romano que toda la ciudad de Jerusalén estaba amotinada. 32 En seguida tomó algunos centuriones con sus tropas, y bajó corriendo hacia la multitud. Al ver al comandante y a sus soldados, los amotinados dejaron de golpear a Pablo.

33 El comandante se abrió paso, lo arrestó y ordenó que lo sujetaran con dos cadenas. Luego preguntó quién era y qué había hecho. 34 Entre la multitud cada uno gritaba una cosa distinta. Como el comandante no pudo averiguar la verdad a causa del alboroto, mandó que condujeran a Pablo al cuartel. 35 Cuando Pablo llegó a las gradas, los soldados tuvieron que llevárselo en vilo debido a la violencia de la turba. 36 El pueblo en masa iba detrás gritando: «¡Que lo maten!»

 

Pablo se dirige a la multitud

 

37 Cuando los soldados estaban a punto de meterlo en el cuartel, Pablo le preguntó al comandante:

―¿Me permite decirle algo?

―¿Hablas griego? —replicó el comandante—. 38 ¿No eres el egipcio que hace algún tiempo provocó una rebelión y llevó al desierto a cuatro mil guerrilleros?

39 ―No, yo soy judío, natural de Tarso, una ciudad muy importante de Cilicia —le respondió Pablo—. Por favor, permítame hablarle al pueblo.

40 Con el permiso del comandante, Pablo se puso de pie en las gradas e hizo una señal con la mano a la multitud. Cuando todos guardaron silencio, les dijo en arameo:

Natalie Billini - Fuente de vida

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Jesús pagó un precio por nosotros para que no seamos esclavos de nadie. #2020VisiónIntegral


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