Agosto 26 | Sé un reflejo de Dios

Agosto 26 | Sé un reflejo de Dios

Señor hazme una persona sabia para cuidar las personas que has puesto a mi alrededor y que ellos te puedan ver a ti siempre.

Lámed

 

89 Tu palabra, Señor, es eterna,
    y está firme en los cielos.
90 Tu fidelidad permanece para siempre;
    estableciste la tierra, y quedó firme.
91 Todo subsiste hoy, conforme a tus decretos,
    porque todo está a tu servicio.
92 Si tu ley no fuera mi regocijo,
    la aflicción habría acabado conmigo.
93 Jamás me olvidaré de tus preceptos,
    pues con ellos me has dado vida.
94 ¡Sálvame, pues te pertenezco
    y escudriño tus preceptos!
95 Los impíos me acechan para destruirme,
    pero yo me esfuerzo por entender tus estatutos.
96 He visto que aun la perfección tiene sus límites;
    ¡solo tus mandamientos son infinitos!

 

Mem

 

97 ¡Cuánto amo yo tu ley!
    Todo el día medito en ella.
98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos
    porque me pertenecen para siempre.
99 Tengo más discernimiento que todos mis maestros
    porque medito en tus estatutos.
100 Tengo más entendimiento que los ancianos
    porque obedezco tus preceptos.
101 Aparto mis pies de toda mala senda
    para cumplir con tu palabra.
102 No me desvío de tus juicios
    porque tú mismo me instruyes.
103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!
    ¡Son más dulces que la miel a mi boca!
104 De tus preceptos adquiero entendimiento;
    por eso aborrezco toda senda de mentira.

 

Nun

 

105 Tu palabra es una lámpara a mis pies;
    es una luz en mi sendero.
106 Hice un juramento, y lo he confirmado:
    que acataré tus rectos juicios.
107 Señor, es mucho lo que he sufrido;
    dame vida conforme a tu palabra.
108 Señor, acepta la ofrenda que brota de mis labios;
    enséñame tus juicios.
109 Mi vida pende de un hilo,
    pero no me olvido de tu ley.
110 Los impíos me han tendido una trampa,
    pero no me aparto de tus preceptos.
111 Tus estatutos son mi herencia permanente;
    son el regocijo de mi corazón.
112 Inclino mi corazón a cumplir tus decretos
    para siempre y hasta el fin.

 

Sámej

 

113 Aborrezco a los hipócritas,
    pero amo tu ley.
114 Tú eres mi escondite y mi escudo;
    en tu palabra he puesto mi esperanza.
115 ¡Malhechores, apártense de mí,
    que quiero cumplir los mandamientos de mi Dios!
116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré;
    no defraudes mis esperanzas.
117 Defiéndeme, y estaré a salvo;
    siempre optaré por tus decretos.
118 Tú rechazas a los que se desvían de tus decretos,
    porque solo maquinan falsedades.
119 Tú desechas como escoria a los impíos de la tierra;
    por eso amo tus estatutos.
120 Mi cuerpo se estremece por el temor que me inspiras;
    siento reverencia por tus leyes.

 

Ayin

 

121 Yo practico la justicia y el derecho;
    no me dejes en manos de mis opresores.
122 Garantiza el bienestar de tu siervo;
    que no me opriman los arrogantes.
123 Mis ojos se consumen esperando tu salvación,
    esperando que se cumpla tu justicia.
124 Trata a tu siervo conforme a tu gran amor;
    enséñame tus decretos.
125 Tu siervo soy: dame entendimiento
    y llegaré a conocer tus estatutos.
126 Señor, ya es tiempo de que actúes,
    pues tu ley está siendo quebrantada.
127 Sobre todas las cosas amo tus mandamientos,
    más que el oro, más que el oro refinado.
128 Por eso tomo en cuenta todos tus preceptos
    y aborrezco toda senda falsa.

 

Pe

 

129 Tus estatutos son maravillosos;
    por eso los obedezco.
130 La exposición de tus palabras nos da luz,
    y da entendimiento al sencillo.
131 Jadeante abro la boca
    porque ansío tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí, y tenme compasión
    como haces siempre con los que aman tu nombre.
133 Guía mis pasos conforme a tu promesa;
    no dejes que me domine la iniquidad.
134 Líbrame de la opresión humana,
    pues quiero obedecer tus preceptos.
135 Haz brillar tu rostro sobre tu siervo;
    enséñame tus decretos.
136 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos,
    porque tu ley no se obedece.

 

Tsade

 

137 Señor, tú eres justo,
    y tus juicios son rectos.
138 Justos son los estatutos que has ordenado,
    y muy dignos de confianza.
139 Mi celo me consume,
    porque mis adversarios pasan por alto tus palabras.
140 Tus promesas han superado muchas pruebas,
    por eso tu siervo las ama.
141 Insignificante y menospreciable como soy,
    no me olvido de tus preceptos.
142 Tu justicia es siempre justa;
    tu ley es la verdad.
143 He caído en la angustia y la aflicción,
    pero tus mandamientos son mi regocijo.
144 Tus estatutos son siempre justos;
    dame entendimiento para poder vivir.

 

Qof

 

145 Con todo el corazón clamo a ti, Señor;
    respóndeme, y obedeceré tus decretos.
146 A ti clamo: «¡Sálvame!»
    Quiero cumplir tus estatutos.
147 Muy de mañana me levanto a pedir ayuda;
    en tus palabras he puesto mi esperanza.
148 En toda la noche no pego los ojos,
    para meditar en tu promesa.
149 Conforme a tu gran amor, escucha mi voz;
    conforme a tus juicios, Señor, dame vida.
150 Ya se acercan mis crueles perseguidores,
    pero andan muy lejos de tu ley.
151 Tú, Señor, también estás cerca,
    y todos tus mandamientos son verdad.
152 Desde hace mucho conozco tus estatutos,
    los cuales estableciste para siempre.

 

Resh

 

153 Considera mi aflicción, y líbrame,
    pues no me he olvidado de tu ley.
154 Defiende mi causa, rescátame;
    dame vida conforme a tu promesa.
155 La salvación está lejos de los impíos,
    porque ellos no buscan tus decretos.
156 Grande es, Señor, tu compasión;
    dame vida conforme a tus juicios.
157 Muchos son mis adversarios y mis perseguidores,
    pero yo no me aparto de tus estatutos.
158 Miro a esos renegados y me dan náuseas,
    porque no cumplen tus palabras.
159 Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos;
    conforme a tu gran amor, dame vida.
160 La suma de tus palabras es la verdad;
    tus rectos juicios permanecen para siempre.

 

Shin

 

161 Gente poderosa me persigue sin motivo,
    pero mi corazón se asombra ante tu palabra.
162 Yo me regocijo en tu promesa
    como quien halla un gran botín.
163 Aborrezco y repudio la falsedad,
    pero amo tu ley.
164 Siete veces al día te alabo
    por tus rectos juicios.
165 Los que aman tu ley disfrutan de gran bienestar,
    y nada los hace tropezar.
166 Yo, Señor, espero tu salvación
    y practico tus mandamientos.
167 Con todo mi ser cumplo tus estatutos.
    ¡Cuánto los amo!
168 Obedezco tus preceptos y tus estatutos,
    porque conoces todos mis caminos.

 

Tav

 

169 Que llegue mi clamor a tu presencia;
    dame entendimiento, Señor, conforme a tu palabra.
170 Que llegue a tu presencia mi súplica;
    líbrame, conforme a tu promesa.
171 Que rebosen mis labios de alabanza,
    porque tú me enseñas tus decretos.
172 Que entone mi lengua un cántico a tu palabra,
    pues todos tus mandamientos son justos.
173 Que acuda tu mano en mi ayuda,
    porque he escogido tus preceptos.
174 Yo, Señor, ansío tu salvación.
    Tu ley es mi regocijo.
175 Déjame vivir para alabarte;
    que vengan tus juicios a ayudarme.
176 Cual oveja perdida me he extraviado;
    ven en busca de tu siervo,
    porque no he olvidado tus mandamientos.

Lo sacrificado a los ídolos

 

En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, es cierto que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica. El que cree que sabe algo, todavía no sabe como debiera saber. Pero el que ama a Dios es conocido por él.

De modo que, en cuanto a comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que un ídolo no es absolutamente nada, y que hay un solo Dios. Pues, aunque haya los así llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra (y por cierto que hay muchos «dioses» y muchos «señores»), para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede y para el cual vivimos; y no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos.

Pero no todos tienen conocimiento de esto. Algunos siguen tan acostumbrados a los ídolos que, cuando comen carne a sabiendas de que ha sido sacrificada a un ídolo, su conciencia se contamina por ser débil. Pero lo que comemos no nos acerca a Dios; no somos mejores por comer ni peores por no comer.

Sin embargo, tengan cuidado de que su libertad no se convierta en motivo de tropiezo para los débiles. 10 Porque, si alguien de conciencia débil te ve a ti, que tienes este conocimiento, comer en el templo de un ídolo, ¿no se sentirá animado a comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos? 11 Entonces ese hermano débil, por quien Cristo murió, se perderá a causa de tu conocimiento. 12 Al pecar así contra los hermanos, hiriendo su débil conciencia, pecan ustedes contra Cristo. 13 Por lo tanto, si mi comida ocasiona la caída de mi hermano, no comeré carne jamás, para no hacerlo caer en pecado.

Eco (Echo) | Elevation Worship

Sé un reflejo de Dios para que otros puedan ver que él es un Dios bueno. #VisiónEnAcción

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