Diciembre 23 Devocional Diario

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Jesús solo en ti descansa mi alma, llévame a un sitio tranquilo donde estemos solos tu y yo.

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Profecía acerca de Nínive. Libro de la visión que tuvo Nahúm de Elcós.

 

Manifestación del Señor

 

El Señor es un Dios celoso y vengador.
    ¡Señor de la venganza, Señor de la ira!
El Señor se venga de sus adversarios;
    es implacable con sus enemigos.
El Señor es lento para la ira,
    imponente en su fuerza.
    El Señor no deja a nadie sin castigo.
Camina en el huracán y en la tormenta;
    las nubes son el polvo de sus pies.
Increpa al mar y lo seca;
    hace que todos los ríos se evaporen.
Los montes Basán y Carmelo pierden su lozanía;
    el verdor del Líbano se marchita.
Ante él tiemblan las montañas
    y se desmoronan las colinas.
Ante él se agita la tierra,
    el mundo y cuanto en él habita.
¿Quién podrá enfrentarse a su indignación?
    ¿Quién resistirá el ardor de su ira?
Su furor se derrama como fuego;
    ante él se resquebrajan las rocas.

 

Destrucción de Nínive

 

Bueno es el Señor;
    es refugio en el día de la angustia,
    y protector de los que en él confían.
Pero destruirá a Nínive
    con una inundación arrasadora;
    ¡aun en las tinieblas perseguirá a sus enemigos!
¿Qué traman contra el Señor?
    ¡Él desbaratará sus planes!
    ¡La calamidad no se repetirá!
10 Serán consumidos como paja seca,
    como espinos enmarañados,
    como borrachos ahogados en vino.
11 Tú, Nínive, engendraste
    al que trama el mal contra el Señor,
    al infame consejero.

 

Liberación del opresor

 

12 Así dice el Señor:

«Aunque los asirios sean fuertes y numerosos,
    serán arrancados y morirán.
Y a ti, Judá, aunque te he afligido,
    no volveré a afligirte.
13 Voy a quebrar el yugo que te oprime,
    voy a romper tus ataduras».
14 Pero acerca de ti, Nínive,
    el Señor ha decretado:
«No tendrás más hijos que perpetúen tu nombre;
    extirparé de la casa de tus dioses
    las imágenes talladas y los ídolos fundidos.
Te voy a preparar una tumba,
    porque eres una infame».

 

Anuncio de la victoria sobre Nínive

 

15 ¡Miren! Ya se acerca por los montes
    el que anuncia las buenas nuevas de victoria,
    el que proclama la paz.
¡Celebra tus peregrinaciones, Judá!
    ¡Paga tus votos!
Porque no volverán a invadirte los malvados,
    pues han sido destruidos por completo.

 

La destrucción de Nínive

 

Nínive, un destructor avanza contra ti,
    así que monta guardia en el terraplén,
vigila el camino, renueva tus fuerzas,
    acrecienta tu poder.
Porque el Señor restaura la majestad de Jacob,
    como la majestad de Israel,
pues los destructores lo han arrasado;
    han arruinado sus sarmientos.

Rojo es el escudo de sus valientes;
    de púrpura se visten los guerreros.
El metal de sus carros brilla como fuego
    mientras se alistan para la batalla
    y los guerreros agitan sus lanzas.
Desaforados corren los carros por las calles,
    irrumpen con violencia por las plazas.
Son como antorchas de fuego,
    como relámpagos zigzagueantes.

 

Caída y saqueo de Nínive

 

Convoca el rey de Nínive a sus tropas escogidas,
    que en su carrera se atropellan.
Se lanzan contra la muralla
    para levantar la barricada,
pero se abren las compuertas de los ríos
    y el palacio se derrumba.
Ya está decidido:
    la ciudad será llevada al exilio.
Gimen sus criadas como palomas,
    y se golpean el pecho.

Nínive es como un estanque roto
    cuyas aguas se derraman.
«¡Deténganse!» «¡Deténganse!», les gritan,
    pero nadie vuelve atrás.
¡Saqueen la plata!
    ¡Saqueen el oro!
El tesoro es inagotable,
    y abundan las riquezas y los objetos preciosos.
10 ¡Destrucción, desolación, devastación!
Desfallecen los corazones,
    tiemblan las rodillas,
se estremecen los cuerpos,
    palidecen los rostros.

 

La bestia salvaje morirá

 

11 ¿Qué fue de la guarida de los leones
    y de la cueva de los leoncillos,
donde el león, la leona y sus cachorros
    se guarecían sin que nadie los perturbara?
12 ¿Qué fue del león,
    que despedazaba para sus crías
    y estrangulaba para sus leonas,
que llenaba de presas su caverna
    y de carne su guarida?
13 Pero ahora yo vengo contra ti
    —afirma el Señor omnipotente—.
Reduciré a cenizas tus carros de guerra
    y mataré a filo de espada a tus leoncillos.
Pondré fin en el país a tus rapiñas,
    y no volverá a oírse la voz de tus mensajeros.

 

Descripción del fin de Nínive

 

¡Ay de la ciudad sedienta de sangre,
    repleta de mentira,
insaciable en su rapiña,
    aferrada a la presa!
Se oye el chasquido de los látigos,
    el estrépito de las ruedas,
el galopar de los caballos,
    el chirrido de los carros,
la carga de la caballería,
    el fulgor de las espadas,
el centellear de las lanzas,
    la multitud de muertos,
los cuerpos amontonados,
    los cadáveres por doquier,
    en los que todos tropiezan.
¡Y todo por las muchas prostituciones
    de esa ramera de encantos zalameros,
    de esa maestra de la seducción!
Engañó a los pueblos con sus fornicaciones,
    y a los clanes con sus embrujos.

«¡Aquí estoy contra ti!
            —afirma el Señor Todopoderoso—.
Te levantaré la falda hasta la cara,
    para que las naciones vean tu desnudez,
    y los reinos descubran tus vergüenzas.
Te cubriré de inmundicias,
    te ultrajaré y te exhibiré en público.
Todos los que te vean huirán de ti,
    y dirán: “¡Nínive ha sido devastada!
¿Quién hará duelo por ella?”
    ¿Dónde hallaré quien la consuele?»

 

Destrucción total de Nínive

 

¿Acaso eres mejor que Tebas,
    ciudad rodeada de aguas,
    asentada junto a las corrientes del Nilo,
que tiene al mar por terraplén
    y a las aguas por muralla?
Cus y Egipto eran su fuerza ilimitada,
    Fut y Libia eran sus aliados.
10 Con todo, Tebas marchó al exilio;
    fue llevada al cautiverio.
A sus hijos los estrellaron
    contra las esquinas de las calles.
Sobre sus nobles echaron suertes,
    y encadenaron a su gente ilustre.

11 También tú, Nínive, te embriagarás,
    y se embotarán tus sentidos.
También tú, por causa del enemigo,
    tendrás que buscar refugio.
12 Todas tus fortalezas son higueras
    cargadas de brevas maduras:
si las sacuden,
    caen en la boca del que se las come.
13 Mira, al enfrentarse al enemigo
    tus tropas se portan como mujeres.
Las puertas de tu país quedarán abiertas de par en par,
    porque el fuego consumirá tus cerrojos.

 

Defensa inútil

 

14 Abastécete de agua para el asedio,
    refuerza tus fortificaciones.
Métete al barro, pisa la mezcla
    y moldea los ladrillos.
15 Porque allí mismo te consumirá el fuego
    y te exterminará la espada;
    ¡como larva de langosta te devorará!
Multiplícate como larva,
    reprodúcete como langosta.
16 Aumentaste tus mercaderes
    más que las estrellas del cielo.
17 Tus dignatarios son como langostas
    y tus oficiales, como insectos
    que en días fríos se posan sobre los muros,
pero que al salir el sol desaparecen,
    y nadie sabe dónde hallarlos.

18 Rey de Asiria,
    tus pastores están amodorrados,
    ¡tus tropas escogidas se echaron a dormir!
Tu pueblo anda disperso por los montes,
    y no hay quien lo reúna.
19 Tu herida no tiene remedio;
    tu llaga es incurable.

Todos los que sepan lo que te ha pasado
    celebrarán tu desgracia.
Pues ¿quién no fue víctima
    de tu constante maldad?

El Cordero y los 144.000

 

14 Luego miré, y apareció el Cordero. Estaba de pie sobre el monte Sión, en compañía de ciento cuarenta y cuatro mil personas que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre. Oí un sonido que venía del cielo, como el estruendo de una catarata y el retumbar de un gran trueno. El sonido se parecía al de músicos que tañen sus arpas. Y cantaban un himno nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender aquel himno, aparte de los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra. Estos se mantuvieron puros, sin contaminarse con ritos sexuales. Son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Fueron rescatados como los primeros frutos de la humanidad para Dios y el Cordero. No se encontró mentira alguna en su boca, pues son intachables.

 

Los tres ángeles

 

Luego vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, y que llevaba el evangelio eterno para anunciarlo a los que viven en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. Gritaba a gran voz: «Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales».

Lo seguía un segundo ángel que gritaba: «¡Ya cayó! Ya cayó la gran Babilonia, la que hizo que todas las naciones bebieran el excitante vino de su adulterio».

Los seguía un tercer ángel que clamaba a grandes voces: «Si alguien adora a la bestia y a su imagen, y se deja poner en la frente o en la mano la marca de la bestia, 10 beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los santos ángeles y del Cordero. 11 El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos. No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para quien se deje poner la marca de su nombre». 12 ¡En esto consiste la perseverancia de los santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!

13 Entonces oí una voz del cielo, que decía: «Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor».

«Sí —dice el Espíritu—, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan».

 

La cosecha de la tierra

 

14 Miré, y apareció una nube blanca, sobre la cual estaba sentado alguien «semejante al Hijo del hombre». En la cabeza tenía una corona de oro y, en la mano, una hoz afilada. 15 Entonces salió del templo otro ángel y le gritó al que estaba sentado en la nube: «Mete la hoz y recoge la cosecha; ya es tiempo de segar, pues la cosecha de la tierra está madura». 16 Así que el que estaba sentado sobre la nube pasó la hoz, y la tierra fue segada.

17 Del templo que está en el cielo salió otro ángel, que también llevaba una hoz afilada. 18 Del altar salió otro ángel, que tenía autoridad sobre el fuego, y le gritó al que llevaba la hoz afilada: «Mete tu hoz y corta los racimos del viñedo de la tierra, porque sus uvas ya están maduras». 19 El ángel pasó la hoz sobre la tierra, recogió las uvas y las echó en el gran lagar de la ira de Dios. 20 Las uvas fueron exprimidas fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre, la cual llegó hasta los frenos de los caballos en una extensión de trescientos kilómetros.

IF - Jesús Mi Fiel Amigo

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Es tiempo para pedirle a Dios que te lleve a un sitio tranquilo donde puedas estar a solas con Él. #2018ReformaIntegral


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1 Comentario
Orlando Castro De La Rosa

Bendito sea nuestro Señor, que nos bendice y nos da fuerza y fe para luchar contra la maldad del mundo, señor llenarme de tu paz y sabiduría para saber que tengo que hacer, debo ser diligente y más obediente para alcanzar la paz y tranquilidad, sin bajar la guardia por que la lucha es contra el enemigo que acecha para vernos caer, pero todo lo puedo en Cristo que me fortalece, AMÉN.

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