Devocional Diario | Noviembre 13

ORA

Gracias Dios porque tú me has librado de las ataduras de mi pasado. En ti tengo completa libertad.

LEE

Álef

 ¡Ay, cuán desolada se encuentra
    la que fue ciudad populosa!
¡Tiene apariencia de viuda
    la que fue grande entre las naciones!
¡Hoy es esclava de las provincias
    la que fue gran señora entre ellas!

Bet

Amargas lágrimas derrama por las noches;
    corre el llanto por sus mejillas.
No hay entre sus amantes
    uno solo que la consuele.
Todos sus amigos la traicionaron;
    se volvieron sus enemigos.

Guímel

Humillada, cargada de cadenas,
    Judá marchó al exilio.
Una más entre las naciones,
    no encuentra reposo.
Todos sus perseguidores la acosan,
    la ponen en aprietos.

Dálet

Los caminos a Sión están de duelo;
    ya nadie asiste a sus fiestas solemnes.
Las puertas de la ciudad se ven desoladas:
    sollozan sus sacerdotes,
se turban sus doncellas,
    ¡toda ella es amargura!

He

Sus enemigos se volvieron sus amos;
    ¡tranquilos se ven sus adversarios!
El Señor la ha acongojado
    por causa de sus muchos pecados.
Sus hijos marcharon al cautiverio,
    arrastrados por sus enemigos.

Vav

La bella Sión ha perdido
    todo su antiguo esplendor.
Sus príncipes parecen venados
    que vagan en busca de pastos.
Exhaustos, se dan a la fuga
    frente a sus perseguidores.

Zayin

Jerusalén trae a la memoria
    los tristes días de su peregrinaje;
se acuerda de todos los tesoros
    que en el pasado fueron suyos.
Cuando su pueblo cayó en manos enemigas
    nadie acudió en su ayuda.
Sus adversarios vieron su caída
    y se burlaron de ella.

Jet

Grave es el pecado de Jerusalén;
    ¡por eso se ha vuelto impura!
Los que antes la honraban ahora la desprecian,
    pues han visto su desnudez;
ella misma se deshace en llanto,
    y no se atreve a dar la cara.

Tet

Sus vestidos están llenos de inmundicia;
    no tomó en cuenta lo que le esperaba.
Su caída fue sorprendente;
    no hubo nadie que la consolara.
«¡Mira, Señor, mi aflicción!
    ¡El enemigo ha triunfado!»

Yod

10 El enemigo se adueñó
    de todos los tesoros de Jerusalén;
vio ella penetrar en su santuario
    a las naciones paganas,
a las que tú prohibiste
    entrar en tu asamblea.

Caf

11 Todo su pueblo solloza
    y anda en busca de pan;
para mantenerse con vida
    cambian por comida sus tesoros.
«¡Mira, Señor, date cuenta
    de cómo me están humillando!»

Lámed

12 «Fíjense ustedes, los que pasan por el camino:
    ¿Acaso no les importa?
¿Dónde hay un sufrimiento como el mío,
    como el que el Señor me ha hecho padecer,
como el que el Señor lanzó sobre mí
    en el día de su furor?

Mem

13 »Desde lo alto envió el Señor un fuego
    que me caló hasta los huesos.
A mi paso tendió una trampa
    y me hizo retroceder.
Me abandonó por completo;
    a todas horas me sentía morir.

Nun

14 »Pesan mis pecados como un yugo sobre mí;
    Dios mismo me los ató con sus manos.
Me los ha colgado al cuello,
    y ha debilitado mis fuerzas.
Me ha entregado en manos de gente
    a la que no puedo ofrecer resistencia.

Sámej

15 »En mi ciudad el Señor ha rechazado
    a todos los guerreros;
ha reunido un ejército para atacarme,
    para despedazar a mis jóvenes.
El Señor ha aplastado a la virginal hija de Judá
    como quien pisa uvas para hacer vino.

Ayin

16 »Todo esto me hace llorar;
    los ojos se me nublan de llanto.
No tengo cerca a nadie que me consuele;
    no tengo a nadie que me reanime.
Mis hijos quedaron abandonados
    porque el enemigo salió victorioso».

Pe

17 Sión clama pidiendo ayuda,
    pero no hay quien la consuele.
Por decreto del Señor
    los vecinos de Jacob son ahora sus enemigos;
Jerusalén ha llegado a ser
    basura e inmundicia.

Tsade

18 «El Señor es justo,
    pero yo me rebelé contra sus leyes.
Escuchen, ustedes los pueblos;
    fíjense en mi sufrimiento.
Mis jóvenes y mis doncellas
    han marchado al destierro.

Qof

19 »Llamé a mis amantes,
    pero ellos me traicionaron.
Mis sacerdotes y mis ancianos
    perecieron en la ciudad,
mientras buscaban alimentos
    para mantenerse con vida.

Resh

20 »¡Mírame, Señor, que me encuentro angustiada!
    ¡Siento una profunda agonía!
Mi corazón está desconcertado,
    pues he sido muy rebelde.
Allá afuera, la espada me deja sin hijos;
    aquí adentro, hay un ambiente de muerte.

Shin

21 »La gente ha escuchado mi gemir,
    pero no hay quien me consuele.
Todos mis enemigos conocen mi pesar
    y se alegran de lo que has hecho conmigo.
¡Manda ya tu castigo anunciado,
    para que sufran lo que he sufrido!

Tav

22 »¡Que llegue a tu presencia
    toda su maldad!
¡Trátalos como me has tratado a mí
    por causa de todos mis pecados!
Son muchos mis gemidos,
    y mi corazón desfallece».

Álef

¡Ay, el Señor ha eclipsado a la bella Sión
    con la nube de su furor!
Desde el cielo echó por tierra
    el esplendor de Israel;
en el día de su ira se olvidó
    del estrado de sus pies.

Bet

Sin compasión el Señor ha destruido
    todas las moradas de Jacob;
en su furor ha derribado
    los baluartes de la bella Judá
y ha puesto su honra por los suelos
    al derrocar a su rey y a sus príncipes.

Guímel

Dio rienda suelta a su furor
    y deshizo todo el poder de Israel.
Nos vimos frente al enemigo,
    y el Señor nos negó su ayuda.
Ardió en Jacob como un fuego encendido
    que consumía cuanto le rodeaba.

Dálet

Como enemigo, tensó el arco;
    lista estaba su mano derecha.
Como enemigo, eliminó
    a nuestros seres queridos.
Como fuego, derramó su ira
    sobre las tiendas de la bella Sión.

He

El Señor se porta como enemigo:
    ha destruido a Israel.
Ha destruido todos sus palacios
    y derribado sus baluartes.
Ha multiplicado el luto y los lamentos
    por la bella Judá.

Vav

Ha desolado su morada como a un jardín;
    ha derribado su lugar de reunión.
El Señor ha hecho que Sión olvide
    sus fiestas solemnes y sus sábados;
se desató su furia contra el rey
    y dejó de lado al sacerdote.

Zayin

El Señor ha rechazado su altar;
    ha abandonado su santuario.
Ha puesto en manos del enemigo
    las murallas de sus palacios.
¡Lanzan gritos en la casa del Señor
    como en día de fiesta!

Jet

El Señor decidió derribar
    la muralla que rodea a la bella Sión.
Tomó la vara y midió;
    destruyó sin compasión.
Hubo lamentos en rampas y muros;
    todos ellos se derrumbaron.

Tet

Las puertas se han desplomado;
    él rompió por completo sus cerrojos.
Su rey y sus príncipes
    andan entre las naciones;
ya no hay ley ni profetas,
    ni visiones de parte del Señor.

Yod

10 En la bella Sión los ancianos
    se sientan silenciosos en el suelo;
se echan ceniza sobre la cabeza
    y se visten de luto.
Postradas yacen en el suelo
    las jóvenes de Jerusalén.

Caf

11 El llanto me consume los ojos;
    siento una profunda agonía.
Estoy con el ánimo por los suelos
    porque mi pueblo ha sido destruido.
Niños e infantes desfallecen
    por las calles de la ciudad.

Lámed

12 «¿Dónde hay pan y vino?»,
    preguntan a sus madres
mientras caen por las calles
    como heridos de muerte,
mientras en los brazos maternos
    exhalan el último suspiro.

Mem

13 ¿Qué puedo decir de ti, bella Jerusalén?
    ¿A qué te puedo comparar?
¿Qué ejemplo darte como consuelo,
    virginal ciudad de Sión?
Profundas como el mar son tus heridas.
    ¿Quién podría devolverte la salud?

Nun

14 Tus profetas te anunciaron
    visiones falsas y engañosas.
No denunciaron tu maldad;
    no evitaron tu cautiverio.
Los mensajes que te anunciaban
    eran falsas patrañas.

Sámej

15 Cuantos pasan por el camino
    aplauden burlones al verte.
Ante ti, bella Jerusalén, hacen muecas,
    y entre silbidos preguntan:
«¿Es esta la ciudad de belleza perfecta?
    ¿Es esta la alegría de toda la tierra?»

Pe

16 Todos tus enemigos abren la boca
    para hablar mal de ti;
rechinando los dientes, declaran burlones:
    «Nos la hemos comido viva.
Llegó el día tan esperado;
    ¡hemos vivido para verlo!»

Ayin

17 El Señor ha llevado a cabo sus planes;
    ha cumplido su palabra,
    que decretó hace mucho tiempo.
Sin piedad, te echó por tierra;
    dejó que el enemigo se burlara de ti,
    y enalteció el poder de tus oponentes.

Tsade

18 El corazón de la gente
    clama al Señor con angustia.
Bella Sión amurallada,
    ¡deja que día y noche
    corran tus lágrimas como un río!
¡No te des un momento de descanso!
    ¡No retengas el llanto de tus ojos!

Qof

19 Levántate y clama por las noches,
    cuando empiece la vigilancia nocturna.
Deja correr el llanto de tu corazón
    como ofrenda derramada ante el Señor.
Eleva tus manos a Dios en oración
    por la vida de tus hijos,
que desfallecen de hambre
    y quedan tendidos por las calles.

Resh

20 «Mira, Señor, y ponte a pensar:
    ¿A quién trataste alguna vez así?
¿Habrán de comerse las mujeres
    a sus hijos, fruto de sus entrañas?
¿Habrán de matar a sacerdotes y profetas
    en el santuario del Señor?

Shin

21 »Jóvenes y ancianos por igual
    yacen en el polvo de las calles;
mis jóvenes y mis doncellas
    cayeron a filo de espada.
En tu enojo les quitaste la vida;
    ¡los masacraste sin piedad!

Tav

22 »Como si invitaras a una fiesta solemne,
    enviaste contra mí terror de todas partes.
En el día de la ira del Señor
    nadie pudo escapar, nadie quedó con vida.
A mis seres queridos, a los que eduqué,
    los aniquiló el enemigo».

El sacrificio de Cristo, ofrecido una vez y para siempre

 

10 La ley es solo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades. Por eso nunca puede, mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que adoran. De otra manera, ¿no habrían dejado ya de hacerse sacrificios? Pues los que rinden culto, purificados de una vez por todas, ya no se habrían sentido culpables de pecado. Pero esos sacrificios son un recordatorio anual de los pecados, ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo:

«A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas;
    en su lugar, me preparaste un cuerpo;
no te agradaron ni holocaustos
    ni sacrificios por el pecado.
Por eso dije: “Aquí me tienes
    —como el libro dice de mí—.
He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad”».

Primero dijo: «Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado» (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran). Luego añadió: «Aquí me tienes: He venido a hacer tu voluntad». Así quitó lo primero para establecer lo segundo. 10 Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre.

11 Todo sacerdote celebra el culto día tras día ofreciendo repetidas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. 12 Pero este sacerdote, después de ofrecer por los pecados un solo sacrificio para siempre, se sentó a la derecha de Dios, 13 en espera de que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. 14 Porque con un solo sacrificio ha hecho perfectos para siempre a los que está santificando.

15 También el Espíritu Santo nos da testimonio de ello. Primero dice:

16 «Este es el pacto que haré con ellos
    después de aquel tiempo —dice el Señor—:
Pondré mis leyes en su corazón,
    y las escribiré en su mente».

17 Después añade:

«Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades».

18 Y, cuando estos han sido perdonados, ya no hace falta otro sacrificio por el pecado.

COMPARTE

Dios ya te libró de las ataduras de tu pasado y ahora vives en libertad. #2020VisiónIntegral


Entradas relacionadas
1 Comentario

Mi libertad se manifiesta cuando estoy siempre invocando la palabra de Dios,el cambio debe ser de adentro hacia afuera,siempre integro y estoico.Amen

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.