Julio 02 Devocional Diario

ORA

Señor, que yo pueda creer lo que pido en oración para así poder ver tu respuesta.

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Tercer discurso de Elifaz

 

22 A esto respondió Elifaz de Temán:

«¿Puede alguien, por muy sabio que sea,
    serle a Dios de algún provecho?
¿Sacará alguna ventaja el Todopoderoso
    con que seas un hombre justo?
¿Tendrá algún beneficio
    si tu conducta es intachable?
¿Acaso te reprende por temerlo,
    y por eso te lleva a juicio?
¿No es acaso demasiada tu maldad?
    ¿Y no son incontables tus pecados?
Sin motivo demandabas fianza de tus hermanos,
    y en prenda los despojabas de sus mantos;
    ¡desnudos los dejabas!
Al sediento no le dabas agua;
    al hambriento le negabas la comida.
Hombre de poder, te adueñaste de la tierra;
    hombre prominente, en ella te asentaste.
No les dabas nada a las viudas,
    y para colmo les quitabas todo a los huérfanos.
10 Por eso ahora te ves rodeado de trampas,
    y te asaltan temores repentinos;
11 la oscuridad te impide ver,
    y te ahogan las aguas torrenciales.

12 »¿No está Dios en las alturas de los cielos?
    ¡Mira las estrellas, cuán altas y remotas!
13 Sin embargo, cuestionas: “¿Y Dios qué sabe?
    ¿Puede acaso juzgar a través de las tinieblas?
14 Él recorre los cielos de un extremo al otro,
    y densas nubes lo envuelven,
    ¡así que no puede vernos!”

15 »¿Vas a seguir por los trillados caminos
    que han recorrido los malvados?
16 Perdieron la vida antes de tiempo;
    un diluvio arrasó sus cimientos.
17 Increparon a Dios: “¡Déjanos tranquilos!
    ¿Qué puedes tú hacernos, Todopoderoso?”
18 ¡Y fue Dios quien llenó sus casas de bienes!
    ¡Yo no me dejaré llevar por sus malos consejos!

19 »Los justos se alegran al ver la ruina de los malvados;
    los inocentes dicen en son de burla:
20 “Nuestros enemigos han sido destruidos;
    ¡el fuego ha consumido sus riquezas!”

21 »Sométete a Dios; ponte en paz con él,
    y volverá a ti la prosperidad.
22 Acepta la enseñanza que mana de su boca;
    ¡grábate sus palabras en el corazón!
23 Si te vuelves al Todopoderoso
    y alejas de tu casa la maldad,
    serás del todo restaurado;
24 si tu oro refinado lo arrojas por el suelo,
    entre rocas y cañadas,
25 tendrás por oro al Todopoderoso,
    y será él para ti como plata refinada.
26 En el Todopoderoso te deleitarás;
    ante Dios levantarás tu rostro.
27 Cuando ores, él te escuchará,
    y tú le cumplirás tus votos.
28 Tendrás éxito en todo lo que emprendas,
    y en tus caminos brillará la luz.
29 Porque Dios humilla a los altaneros,
    y exalta a los humildes.
30 Él salva al que es inocente,
    y por tu honradez quedarás a salvo».

 

Octavo discurso de Job

 

23 A esto respondió Job:

«Mi queja sigue siendo amarga;
    gimo bajo el peso de su mano.
¡Ah, si supiera yo dónde encontrar a Dios!
    ¡Si pudiera llegar adonde él habita!
Ante él expondría mi caso;
    llenaría mi boca de argumentos.
Podría conocer su respuesta,
    y trataría de entenderla.
¿Disputaría él conmigo, con todo su poder?
    ¡Claro que no! ¡Ni me acusaría!
Ante él cualquier hombre recto
    podría presentar su caso,
y yo sería absuelto para siempre
    delante de mi juez.

»Si me dirijo hacia el este, no está allí;
    si me encamino al oeste, no lo encuentro.
Si está ocupado en el norte, no lo veo;
    si se vuelve al sur, no alcanzo a percibirlo.
10 Él, en cambio, conoce mis caminos;
    si me pusiera a prueba, saldría yo puro como el oro.
11 En sus sendas he afirmado mis pies;
    he seguido su camino sin desviarme.
12 No me he apartado de los mandamientos de sus labios;
    en lo más profundo de mi ser
    he atesorado las palabras de su boca.

13 »Pero él es soberano;
    ¿quién puede hacerlo desistir?
    Lo que él quiere hacer, lo hace.
14 Hará conmigo lo que ha determinado;
    todo lo que tiene pensado lo realizará.
15 Por eso me espanto en su presencia;
    si pienso en todo esto, me lleno de temor.
16 Dios ha hecho que mi corazón desmaye;
    me tiene aterrado el Todopoderoso.
17 Con todo, no logran acallarme las tinieblas
    ni la densa oscuridad que cubre mi rostro.

24 »Si los tiempos no se esconden del Todopoderoso,
    ¿por qué no los perciben quienes dicen conocerlo?
Hay quienes no respetan los linderos,
    y pastorean ganado robado;
a los huérfanos los despojan de sus asnos;
    a las viudas les quitan en prenda sus bueyes;
apartan del camino a los necesitados;
    a los pobres del país los obligan a esconderse.
Como asnos salvajes del desierto,
    se afanan los pobres por encontrar su presa,
    y el páramo da de comer a sus hijos.
En campos ajenos recogen forraje,
    y en las viñas de los malvados recogen uvas.
Por no tener ropa, se pasan la noche desnudos;
    ¡no tienen con qué protegerse del frío!
Las lluvias de las montañas los empapan;
    no teniendo más abrigo, se arriman a las peñas.
Al huérfano se le aparta de los pechos de su madre;
    al pobre se le retiene a cambio de una deuda.
10 Por no tener ropa, andan desnudos;
    aunque cargados de trigo, van muriéndose de hambre.
11 Exprimen aceitunas en las terrazas;
    pisan uvas en las cubas, pero desfallecen de sed.
12 De la ciudad se eleva el clamor de los moribundos;
    la garganta de los heridos reclama ayuda,
    ¡pero Dios ni se da por enterado!

13 »Hay quienes se oponen a la luz;
    no viven conforme a ella
    ni reconocen sus caminos.
14 Apenas amanece, se levanta el asesino
    y mata al pobre y al necesitado;
    apenas cae la noche, actúa como ladrón.
15 Los ojos del adúltero están pendientes de la noche;
    se dice a sí mismo: “No habrá quien me vea”,
    y mantiene oculto el rostro.
16 Por la noche, entra el ladrón a casa ajena,
    pero se encierra durante el día;
    ¡de la luz no quiere saber nada!
17 Para todos ellos, la mañana es oscuridad;
    prefieren el horror de las tinieblas».

 

Interrupción de Zofar

 

18 «Los malvados son como espuma sobre el agua;
    su parcela está bajo maldición;
    ya no van a trabajar a los viñedos.
19 Y así como el calor y la sequía
    arrebatan con violencia la nieve derretida,
    así el sepulcro arrebata a los pecadores.
20 Su propia madre se olvida de ellos;
    los gusanos se los comen;
nadie vuelve a recordarlos,
    ¡son desgajados como árboles!
21 Maltratan a la estéril, a la mujer sin hijos;
    jamás buscan el bien de la viuda.
22 Pero Dios, con su poder, arrastra a los poderosos;
    cuando él se levanta, nadie tiene segura la vida.
23 Dios los deja sentirse seguros,
    pero no les quita la vista de encima.
24 Por algún tiempo son exaltados,
    pero luego dejan de existir;
son humillados y recogidos como hierba,
    ¡son cortados como espigas!
25 ¿Quién puede probar que es falso lo que digo,
    y reducir mis palabras a la nada?»

Pedro explica su comportamiento

 

11 Los apóstoles y los hermanos de toda Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los defensores de la circuncisión lo criticaron diciendo:

―Entraste en casa de hombres incircuncisos y comiste con ellos.

Entonces Pedro comenzó a explicarles paso a paso lo que había sucedido:

―Yo estaba orando en la ciudad de Jope y tuve en éxtasis una visión. Vi que del cielo descendía algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, bajaba hasta donde yo estaba. Me fijé en lo que había en ella, y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro; mata y come”. Repliqué: “¡De ninguna manera, Señor! Jamás ha entrado en mi boca nada impuro o inmundo”. Por segunda vez insistió la voz del cielo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”. 10 Esto sucedió tres veces, y luego todo volvió a ser llevado al cielo.

11 »En aquel momento se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres que desde Cesarea habían sido enviados a verme. 12 El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. También fueron conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre. 13 Él nos contó cómo en su casa se le había aparecido un ángel que le dijo: “Manda a alguien a Jope para hacer venir a Simón, apodado Pedro. 14 Él te traerá un mensaje mediante el cual serán salvos tú y toda tu familia”.

15 »Cuando comencé a hablarles, el Espíritu Santo descendió sobre ellos tal como al principio descendió sobre nosotros. 16 Entonces recordé lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”. 17 Por tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo, ¿quién soy yo para pretender estorbar a Dios?»

18 Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo:

―¡Así que también a los gentiles les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!

 

La iglesia en Antioquía

 

19 Los que se habían dispersado a causa de la persecución que se desató por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin anunciar a nadie el mensaje excepto a los judíos. 20 Sin embargo, había entre ellos algunas personas de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablarles también a los de habla griega, anunciándoles las buenas nuevas acerca del Señor Jesús. 21 El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al Señor.

22 La noticia de estos sucesos llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén, y mandaron a Bernabé a Antioquía. 23 Cuando él llegó y vio las evidencias de la gracia de Dios, se alegró y animó a todos a hacerse el firme propósito de permanecer fieles al Señor, 24 pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Un gran número de personas aceptó al Señor.

25 Después partió Bernabé para Tarso en busca de Saulo, 26 y, cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Durante todo un año se reunieron los dos con la iglesia y enseñaron a mucha gente. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez.

27 Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. 28 Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio. 29 Entonces decidieron que cada uno de los discípulos, según los recursos de cada cual, enviaría ayuda a los hermanos que vivían en Judea. 30 Así lo hicieron, mandando su ofrenda a los ancianos por medio de Bernabé y de Saulo.

Hillsong - Nunca Fallarás

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