Cuando Marx y Freud se abrazaron | Destino Manifiesto

Pero hay algo más: esta nación fue llamada justamente por Jean-Jacques Servan- Shreibr ‘la potencia generosa’, debido a su Plan Marshall que patrocinó la recuperación de Europa y el Japón; pero igual tratamiento no recibieron otros países sumidos en la peor de las guerras, que es la pobreza. América Latina, por ejemplo, nunca fue protegida desde el norte, no hubo chequeras suculentas que ayudaran a su desarrollo, el Tío Sam no fue visionario para impulsar a sus vecinos hacia la prosperidad. Y de esta manera, por omisión flagrante, se permitió la peste de una injusticia social insoportable, y esta trajo, como lógica consecuencia, la irrupción de rebeldes armados que, finalmente, desembocaron en el terrorismo.  Así están las cosas.

 

Sin embargo, si se despierta el espíritu cristiano de la nación americana, si se reexamina el tema de su  ‘destino manifiesto’, es de esperarse que se produzca un vuelco para que las tensas relaciones norte – sur entren en una etapa de distensión hacia un futuro promisorio.  América Latina es el continente de la esperanza, como cabalmente se le ha llamado. Nadie en el siglo XXI lo podrá desconocer, o echar a un lado. Aquí se gesta el futuro mismo de la humanidad. Y, por eso, los cristianos de uno y otro lado del Río Grande, frontera de fronteras, hemos de orar unidos al Dios común para que sea la luz del Evangelio la que ilumine la nueva y necesaria cooperación.

 

La solución no es simplemente disparar. Mientras el gobierno hace lo suyo, la iglesia deberá tomar su lugar en la guerra, con un ejército que marche triunfante de rodillas, pero capaz de poner su fe en acción. Jean Francoise Revel planteó una tercera línea de pensamiento cuando hizo el doble rechazo ‘Ni Marx ni Jesús’. Era una visión europea de la pugna ideológica planteada por el comunismo a la sociedad cristiana occidental. Estados Unidos, manteniendo en una mano la antorcha de la libertad y en la otra la cruz, trazó la disyuntiva rotunda: ‘O Cristo o Marx’. El asunto se dirimió, como siempre ha ocurrido, a favor del Nazareno, cuando el muro de Berlín se vino a tierra sin que se usaran catapultas.

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Eterno Presente, páginas 147-148)

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