La Conexión Misteriosa | Símbolos y Médiums

Stephan Mallarmé fue el gran mentor de los simbolistas, y es fácilmente detectable su similitud con las actuales técnicas de la Nueva Era.  En su Tratado del Verbo, leemos:

 

La A es negra, la E blanca, la I roja, la U verde y la O azul.  La A corresponde al órgano y expresa la monotonía, la duda y la sencillez.  La E expresa lo que las arpas, esto es, la serenidad.  La I hace el oficio de trompeta y produce el sentimiento de la gloria y la ovación.  La O es el violín y nos impresiona con la plegaria y la pasión.  La U es la flauta y da el resultado de la ingenuidad y la sonrisa.

 

Mallarmé dijo que los artistas son antenas que reciben mensajes del más allá y los transmiten en símbolos humanos.  Dicho en términos ocultistas, el simbolismo poético era (¿o es?)  una mediumnidad, idea tomada de la mitología griega que llamó musas a los espíritus guías de los artistas.  Los simbolistas fueron muy excéntricos: su antecesor Edgar Allan Poe, especialista de cuentos terroríficos con almas en pena y posesiones demoníacas, murió de delirium tremens y su cadáver, lamentablemente, fue hallado junto al basurero de Nueva York; otro de sus precursores, el marqués de Sade, dio origen a la palabra que define una penosa aberración: sadismo. Algunos de estos artistas eran homosexuales e hicieron vida en común. En una ocasión Paul Verlaine disparó sobre el llamado ‘niño terrible’ Arthur Rimbaud. Los apodados ‘poetas malditos’ eran, por lo general, opiómanos, que hoy llamaríamos drogadictos; y su gran estrella, Charles Baudelaire, escribió Las Flores del Mal,  libro en el cual figura un poema de título escandaloso: Oración a Satán.  Fue el propio Baudelaire quien dijo que la mayor argucia del diablo es convencernos de que no existe.

 

Este contacto artístico con el reino de tinieblas fue palpable en militantes de otros movimientos de vanguardia.  Por ejemplo, gran agitación produjo José Carducci con su Himno a Satanás, de un naturalismo panteísta contra las disciplinas religiosas; y a Héctor Berlioz, emblema del pentagrama impresionista, especialmente por su Sinfonía Fantástica, un sector de la crítica lo llamó abiertamente ‘el músico del diablo’.  Preocupa, por lo tanto, (no hay para que disimularlo)  un cierto tipo de iluminados que se infiltran en grupos cristianos a transmitir mensajes que provienen del más allá.  Pero, ¿de cuál sector del más allá?

 

 

(Darío Silva-Silva. Extractado del libro El Reto de Dios, páginas 164-165)

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